Es una técnica quirúrgica mínimamente invasiva que permite realizar procedimientos urológicos a través de pequeñas incisiones, utilizando una cámara e instrumentos especializados, logrando menor dolor y una recuperación más rápida que la cirugía abierta.
La laparoscopia es una técnica quirúrgica que consiste en realizar el procedimiento a través de pequeñas incisiones, generalmente de 0.5 a 1 cm, por donde se introduce una cámara (laparoscopio) e instrumentos especializados. Esto permite al cirujano visualizar e intervenir el área afectada en una pantalla de alta definición, sin necesidad de realizar una incisión grande como en la cirugía abierta tradicional.
El procedimiento se realiza bajo anestesia general y su duración varía según la complejidad del caso. La recuperación suele ser considerablemente más corta que en la cirugía abierta, con menor dolor postoperatorio, cicatrices mínimas y un regreso más rápido a las actividades cotidianas.
Principales Procedimientos
Nefrectomía laparoscópica
Extirpación parcial o total del riñón a través de laparoscopia, indicada en tumores renales o riñones no funcionales.
Prostatectomía laparoscópica
Remoción de la próstata mediante esta técnica, utilizada principalmente en el tratamiento del cáncer de próstata.
Pieloplastía laparoscópica
Corrección de la obstrucción de la unión ureteropiélica, restableciendo el flujo normal de orina desde el riñón.
Sí. En la mayoría de los casos ofrece los mismos resultados oncológicos y funcionales que la cirugía abierta, con la ventaja de una recuperación más rápida.
Generalmente entre 1 y 3 semanas, dependiendo del procedimiento realizado, siendo notablemente menor que en la cirugía abierta tradicional.
En la laparoscopia el cirujano maneja directamente los instrumentos, mientras que en la cirugía robótica un sistema de precisión asiste sus movimientos, ofreciendo mayor exactitud en casos complejos.
Las cicatrices son mínimas, generalmente de menos de 1 cm cada una, mucho más pequeñas y discretas que las de la cirugía abierta.
Aunque es un procedimiento seguro, como toda cirugía conlleva riesgos como sangrado, infección o, en casos poco frecuentes, la necesidad de convertir el procedimiento a cirugía abierta.
Se utiliza en el tratamiento de tumores renales, obstrucciones ureterales, quistes renales, y en algunos casos de próstata y vejiga, entre otros.
El especialista realiza una consulta para conocer tus síntomas, antecedentes médicos y realizar una exploración física que permita identificar posibles problemas urológicos.
Si es necesario, se solicitan estudios de laboratorio o imagen para confirmar el diagnóstico y conocer con precisión la causa de los síntomas.
Con base en el diagnóstico, se establece un tratamiento personalizado y se da seguimiento para evaluar la evolución del paciente.
Recibe diagnóstico especializado y un tratamiento personalizado para tu salud urológica.