Es un procedimiento quirúrgico que consiste en la remoción del prepucio, la piel que cubre la punta del pene. Se realiza tanto por motivos médicos como electivos, y es uno de los procedimientos urológicos más comunes.
La circuncisión es un procedimiento quirúrgico sencillo mediante el cual se retira el prepucio del pene. Puede realizarse en cualquier etapa de la vida, desde la infancia hasta la edad adulta, ya sea por razones médicas, religiosas, culturales o de higiene personal.
El procedimiento se realiza de forma ambulatoria bajo anestesia local o general, dependiendo de la edad y condición del paciente. La recuperación suele tomar entre 1 y 2 semanas, con cuidados básicos de la herida y restricciones temporales de actividad física.
Principales Indicaciones
Fimosis
Estrechamiento del prepucio que impide su retracción completa, dificultando la higiene y, en algunos casos, la micción.
Parafimosis
Condición en la que el prepucio retraído no puede regresar a su posición normal, causando inflamación y requiriendo atención urgente.
Balanitis recurrente
Inflamación repetida del glande y el prepucio, frecuentemente asociada a higiene deficiente o infecciones.
El procedimiento se realiza con anestesia, por lo que no se siente dolor durante la cirugía. Después puede haber molestias leves que se controlan con analgésicos indicados por el médico.
Generalmente entre 1 y 2 semanas, dependiendo de la edad del paciente y los cuidados posteriores a la cirugía.
No hay evidencia concluyente de que afecte negativamente la función sexual en adultos. Muchos pacientes no reportan cambios significativos.
Se puede realizar a cualquier edad, tanto por razones médicas como electivas. En adultos el procedimiento y la recuperación son igual de seguros.
Se recomienda mantener la zona limpia y seca, evitar actividad física intensa y relaciones sexuales durante el tiempo indicado por el urólogo, generalmente de 3 a 4 semanas.
Es un procedimiento seguro con bajo riesgo de complicaciones, aunque como toda cirugía puede presentar sangrado leve, infección o inflamación, situaciones poco frecuentes y manejables.
El especialista realiza una consulta para conocer tus síntomas, antecedentes médicos y realizar una exploración física que permita identificar posibles problemas urológicos.
Si es necesario, se solicitan estudios de laboratorio o imagen para confirmar el diagnóstico y conocer con precisión la causa de los síntomas.
Con base en el diagnóstico, se establece un tratamiento personalizado y se da seguimiento para evaluar la evolución del paciente.
Recibe diagnóstico especializado y un tratamiento personalizado para tu salud urológica.